jueves, 1 de enero de 2009

Días de gloria en la bici

Pues no, no se trata de que haya cosechado ningún éxito, y menos glorioso, en la bici. Vamos, lo que se suele considerar así. De hecho en la bici soy un importantísimo paquete (bueno, salvo a la hora de bajar, que mis cubiertas lisas y el tonelaje que desplazo, unido a una mollera un poco lábil, me ponen abajo en un momentito).

Para mi los días de gloria en la bici son esos días soleados en que saco la bici del maletero del coche y enfilo, yo solita, alguna de esas carreteras solitarias de las zonas menos turísticas de la Sierra de Guadarrama y conexas. La verdad es que siempre el ínclito Portsea pone deberes: tanto tiempo, cadencia fácil, incluye no sé cuántas cuestas a no sé que ritmo con la bajada y hasta no sé cuantos minutos de recuperación, pedaleo con un pie... Lo confieso: ni caso. Sólo a lo del tiempo total, y eso cuando puedo, o cuando no me apetece un poquito más. Qué desastre.

Pero veamos, y teniendo en cuenta que apenas se montar en bici (grandes logros de mi vida ciclista, aparte de no llevar ruedines: montar de pie y haber conseguido beber en marcha. Incluso ya aveces puedo quitar un poco también la mano derecha del manillar), ¿cómo voy a hacer todo eso en ruta? Si me toca una cuestona arriba, por muy despacio que la suba, las pulsaciones a mil, ¿cómo voy a subirla al ritmo prescrito? ¿Y si dura más de los minutos marcados? Y no, no soy capaz de ceñirme a un circuito conocido al que dar vueltas: ¿y la maravillosa libertad que te proporciona la bici? Si yo empecé a correr fondo por llegar siempre un poco más allá y ver qué había, por explorar, ¿cómo voy ahora a renunciar al nuevo radio de acción que me proporciona el cacharro? Tal vez no mejoraré mucho, pero no puedo pasar sin esos paisajes, esas subidas y bajadas, esos nuevos descubrimientos... incluso cuando a veces me equivoco y pillo un tramo feo o con mucho tráfico... Si ahora, cuando viajo en coche por tierras solitarias (y lo hago con bastante frecuencia) siempre voy pensando "cómo molaría ir por aquí con la bici".

Sí, me temo que es en solitario. Tampoco así mejoraré mucho. Disfruto mucho cuando voy en compañía, pero sobre todo de la charleta inicial y de las cañas posteriores. Entre medias, son más bien días de miseria que de gloria, pues salvo grandes grupetas, lo normal es que vaya con la lengua colgando varios cientos de metros por detrás. Pero cuando voy sola, aunque tal vez me relaje un tanto (pero no en la medida en que algún lector malicioso pueda sospechar), voy, aunque esté echando el bofe, con la tranquilidad de que no estoy retrasando a ningún grupo. Y eso también me hace sentir en la gloria, aunque sea a 170 p.p.m.

3 comentarios:

Ishtar dijo...

jeje a nosotros también nos pasa eso de ir por ahí con el coche y pensar "qué bien se iría por aquí con la bici", solo que lo nuestro es más grave, que no sólo lo pensamos, sino que encima lo comentamos jeje

Besicos y feliz año libre de pupitas!!

Nutria dijo...

¡Feliz año a ti también, compañera!

Ramón Doval dijo...

Hay que tener en cuenta que solo se va mucho más seguro que en grupeta, poniendo nerviosos a los coches, con tanta doble y triple filas conversadoras. Muchas felicidades pa siempre.