viernes, 1 de mayo de 2009

Interludio náutico

Yo nací en medio de uno de los tórridos veranos madrileños. A los pocos días nos trasladamos a El Escorial, donde siempre he veraneado. Allí pasaba los días vagando y jugando por el monte. No fue hasta los nueve años cuando vi el mar por primera vez, en Cádiz. Todo me conducía a ser lo que luego fui y supongo que soy: ingeniera de montes.

Pero la vida va dando vueltas y nunca sabes por donde te va a salir (y eso está bien), y mira por donde que se me ofrece la posibilidad de embarcarme en un buque oceanográfico para hacer unas evaluaciones de riesgos. Y eso de ver cosas nuevas y hacer cosas distintas me mola. De cabeza me lancé.

El caso es que es un trabajo como otro cualquiera... y no es un trabajo como otro cualquiera. Bueno, hay que especificar que un buque oceanográfico no es un pesquero, por ejemplo, donde lo que prima es la producción, y a ello van encaminados el tiempo y el espacio. Y tu jefe no te presiona para que produzcas más. Así que el ambiente es sensiblemente mejor.

Lo primero que llama la atención al parecer es el esquema, tan jerarquizado pero tan social que se tiene. Me explico. En los demás buques, es frecuente que haya un comedor de oficiales y otro para la marinería. De ahí para arriba, de todo: camarero exclusivo para el capitán, nadie se sienta a la mesa hasta que el viejo no llegue, etc. Aquí no. Aquí, hay un comedor para todos, no hay mesas específicas para cada estamento, sino que cada cual se sienta libremente según sus afinidades (lógicamente tienden a sentarse oficiales por un lado, marineros por otro y científicos por otro). Cada cual coge su bandeja, se sirve, y cuando acaba, echa la basura en los contenedores, pone los platos en la bandeja del lavavajillas y pasa la bayeta si hace falta. Todos. Lo mismo pasa a la hora de limpiar el camarote o bajar la ropa a la lavandería.

Y sin embargo, no he visto ni un pestañeo ni una vacilación ni nada cuando un oficial daba una orden a un marinero. Todo el mundo parecía saber muy bien a lo que estaba y para qué estaba. Verdaderamente, el ambiente de trabajo me pareció muy bueno. Y el nivel cultural medio de toda la tripulación es bastante superior a lo que se ve en las películas; probablemente por ser un buque oceanográfico en el que se ha podido hacer selección de personal, pero desde luego contribuye a que el ambiente sea como es.

El trabajo: pues bastante variado, pese a lo que pueda parecer. No tiene nada que ver lo que se hace en puerto con lo que se hace durante la navegación. Sobre todo, los días anteriores a zarpar el jaleo es infernal, todo el mundo ayudando a la carga y estiba, repasando listas y verificando cosas, etc.

Lo que me ha llamado la atención también es el pequeño mundo independiente que es. Para empezar, las tripas de un barco son algo grande y ahora ya, para mi, menos misterioso. Pañoles, salas de máquinas, talleres, depuradoras, desalinizadoras, generadores, puestos de control... todo ello para que en las cubiertas superiores todo vaya de puta madre y lo mismo se pueda enchufar el microondas que gobernar el buque que verte una peli en el ordenador. ¡Chachi!

Y mi experiencia: todo el mundo me trató fenomenal, colaboraron en todo lo que se les preguntaba o pedía, nos avisaban si iban a hacer alguna maniobra o ejercicio que nos pudiera interesar, y eran de trato enormemente agradable. Desde el primer día el capitán nos dio carta blanca para acceder a todos los espacios del buque que quisiéramos; y en seguida nos puso un marinero (que luego resultó ser un Licenciado en Biología con un par de másters a la espalda) para que nos enseñara todos los rincones y hasta el último pañol. Además, todo el mundo quería enseñarnos su trabajo, y muchos también que les asesoráramos. Una pasada.

La mar nos trató con mucha amabilidad. Si bien el primer día hubo un poco de niebla, el mar estaba como un plato. El segundo día levantó... para que pudiéramos disfrutar del paso del Estrecho. Eso fue lo que más me gustó de todo el tránsito. Para empezar, el Estrecho es de veras estrecho, así que ves con toda nitidez Tánger, Ceuta, Tarifa, el Peñón... con una navegación nada monótona, porque obviamente, se congregan ahí infinidad de buques, y ves pasar por ejemplo, el ferri Algeciras - Ceuta a toda castaña. Y lo mejor: la fauna. Todo bicho que quiera pasar del Atlántico a Mediterráneo o viceversa es obvio por donde tiene que pasar. Así que vimos bastantes calderones, no pocos delfines y hasta alguna ballena resoplando. Por si fuera poco, nos estacionamos en varios puntos para tomar muestras, y asistimos al proceso; bestial.

Como nota chusca, eso sí (con la Nutria siempre la hay) diré que el domingo hubo de desayuno chocolate con churros; a mi me vuelve loca el chocolatito y tal, pero como estoy en plan cuidarme, me sobrepuse heroicamente y tome muesli con leche desnata y dos kiwis, qué modosita, ¿eh?. Luego empezó a ponerse el mar de través por proa, y el buque dio en cabecear ostensiblemente, y la astuta Nutria no obstante empezó a cacharrear con un ordenador... con el resultado de que el jodío muesli y toda la pesca salió al poco rato por la borda, cagüenlamar (nunca mejor dicho), con lo que habrían agradecido unos pocos churritos los peces... y la Tía Nutria.

Pues eso fue malo, porque estuvo así todo el día; lo cual que a partir de la despedida del desayuno, yo no me atreví a ingerir nada más en el resto de la jornada, y como la tarde anterior había cogido un poco de frío y pasé toda una jornada sin hidratarme ni alimentarme, ahora mientras escribo estas líneas tengo las vías respiratorias altas anegadas en perniciosísimos mocos y la garganta como papel de lija del 7.

No obstante este pequeño contratiempo me ha encantado la experiencia y estoy deseando repetirla.

3 comentarios:

Ishtar dijo...

¡¡Qué pasada!!. La verdad es que como experiencia ha tenido que ser chulísima :-). Los efectos "colaterales" son lo peor :-(, pero seguro que se te pasa pronto, ya verás :-).

BEsicos!

P.D.: ay, pedazo de chocolate con churros que nos metimos para desayunar ayer, qué ricoooo... eso lo bueno de competir, que con la excusa de "me lo he ganado", la conciencia duele menos jeje

Nutria dijo...

Huy, eso va a ser que has ido a F.Alamo, voy corriendo a leer tu blog.

Ramón Doval dijo...

¡Madre mía, Concha, el pelotón de los cojones! ¿Cómo estás? Mira que todos los años le tiene que pasar al mejor: Valverde, Armstrong, Nutria...
Descansa y cuídate mucho.